Wall-E (2008) no se diferencia en este aspecto, aunque sí marca enorme distancia con las películas que
Pixar ha hecho anteriormente, si es que nos referimos al contenido y al estilo narrativo. Y para ello no pudieron haber elegido a alguien mejor que Andrew Stanton, de quien ya vimos la galardonada
Buscando a Nemo (
Finding Nemo, 2003).
Al igual que en la clásica
Toy Story (1995) y en
Cars, Stanton se vale de los seres inanimados para representar diversos hechos de la vida cotidiana. Así, la historia de
Wall-E no es solamente la del robot cuya misión se reduce a clasificar y reciclar basura, sino la de un soñador atrapado en un mundo que a pesar de serle familiar, le resulta ajeno.
En una primera parte, encontramos soledad por todos lados. La del robot y su acompañante -una simpática cucaracha-, ambos como los únicos sobrevivientes de su especie en un paraje del que sólo se sabe por algunos videos y cassettes en desuso. Esta soledad se rompe cuando hace su ingreso Eva, una robot cuya directiva es encontrar vida vegetal, y que por misteriosas razones conquista a Wall-E.
Es así que con Eva y su misión cumplida (llevar la planta en su interior), el pequeño robot abandona la Tierra e ingresa a un nuevo mundo: el de los humanos que viven en un crucero espacial y el de la tecnología. Aquí la historia toma un nuevo rumbo. El cortejo se mantiene, pero ambos robots adquieren una nueva misión: proteger la planta a como dé lugar y preparar el regreso de los humanos a la Tierra. He aquí la gran diferencia de
Wall-E respecto a los otros filmes de Pixar: la ideología está puesta de manera más explícita. ¿A qué nos referimos? A dos de los temas de moda: la contaminación ambiental (como causa y efecto de la evacuación al espacio) y el avance de la tecnología (como salvador y verdugo de la raza humana).

Otro aspecto que llama la atención es el diseño intencional de los personajes. Wall-E es una versión robótica de
E.T. (
E. T. The Extraterrestrial, 1982) y curiosamente pasa por las mismas etapas: visita, destrucción y recuperación. Eva es una robot fría, cuyas emociones se manifiestan solamente en la pantalla que tiene como cara. Auto, el robot villano, hace recordar al ojo omnipresente de Saurón de
El Señor de los Anillos. El trazo de los humanos, cuyos cuerpos les impide moverse, pertenece a lo que ahora sería la prehistoria de la animación digital. El crucero o Axioma es el reflejo del mundo actual bello pero aparente, con el saludo amable y cordial de las corporaciones y el consumismo que alientan; mientras que la Tierra refleja su verdadera cara en caos y destrucción con tintes apocalípticos.
Con todas esas cosas y con el encanto del cine mudo (los diálogos son contados), esta película es mucho más que una historia de romance y aventura para niños.
Wall-E es un llamado de alerta, un retrato desgarrador de un mundo actual y mecanizado que se esconde detrás de sus asépticos y coloridos escenarios.
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